lunes, febrero 20, 2006

Otro teatro III - debate

Nota: el siguiente escrito surge de un debate surgido en el foro del CELCIT, acerca de si el Teatro al que intentamos aproximarnos se trata de un “otro” Teatro, o si estamos hablando de una condición universal del teatro por lo que sería un posible error hacer distinción alguna acerca de su condición de “otro”.

“No aclares que oscurece”
(Sabiduría popular)


Si bien me proponía continuar con el escrito anterior, me pareció importante “ajustar” un tanto el enfoque del teatro que nos ocupa.
Una de las cosas que nos orienta hacia nuestra meta, es un punto de vista, un enfoque... desenfocado. Se impone tomar la distancia que nos aleje de los árboles conocidos para apreciar el bosque. Y más aún: captar el bosque, tener la experiencia del bosque, no limitarnos a deducir que un conjunto de árboles es lo que lo define.
Al comenzar, habíamos dicho:
“El poner en palabras estos temas, es un gran desafío. Las palabras permiten traducir la experiencia, y a la vez, la traicionan. Tomemos las palabras como pistas que indican el camino, pero recordemos que no son la experiencia; apenas son el reflejo de algo que está en otro lado.”
Estuve pensando acerca de las confusiones, los cuestionamientos (volcados en el foro y en mi mail personal), la necesidad de encontrar la palabra adecuada, justa, la que nos revele el núcleo de todo esto.
Sinceramente, no la encuentro.
Pero si existiera, y yo la encontrara, creo que la preservaría guardándola en secreto. Y no por egoísmo: el entregar esa palabra última, esa definición acabada, atentaría contra lo que se intenta descubrir.

Lo que revela la Verdad es la experiencia.

Me parece interesante el entender que intentamos aproximarnos a un Teatro como camino, como experiencia transformadora, como vía de acceso al conocimiento.
Un Teatro que integre los fragmentos.
Un Teatro como acto total.
Es el teatro que dejamos en sombras, poco a poco, a través de los tiempos, hasta sumirlo en la más completa oscuridad.
De la misma manera que dejamos en sombra cuestiones relativas a un orden trascendente (traducido por las formas que adoptó en cada religión, tradición o escuela de conocimiento), por la necesidad de ver el mundo con los ojos de la Razón.
Personalmente, creo que es un momento histórico que ofrece una oportunidad sumamente interesante, un momento en el que podemos volver a preguntarnos por el orden que sostiene el universo, que podemos volver a intentar el contacto con el Misterio más allá de los dogmatismos, y sin descartar el aspecto racional.
Es un momento que permite integrar dualidades: la ciencia lo está haciendo, la física moderna y la biología molecular (entre otras) encuentran explicaciones científicas que nos llevan de regreso a concepciones místicas de los antiguos.
La cultura y la ciencia han fragmentado la realidad, esto es: la percepción de la misma. La hemos explicado seccionando organismos, átomos, pensamientos, conceptos. Lo que existe (desde esta mirada), existe en función de ser medido, pesado, sujeto a estadística o a clasificación.
Aprendimos sobre las partes, pero el TODO, es mucho más que la suma de las partes.
El desafío de este momento es empezar a encontrar las conexiones entre lo que hemos desarmado y pensado por pedacitos.
Ver el árbol y ver el bosque.
Y ver los hilos invisibles que tejen y sostienen al bosque.
Por todo esto, soy la primera en aseverar que la expresión otro teatro es mera ilusión, que la fragmentación que lleva a señalar un otro (en el terreno que fuere) surge de una percepción fragmentaria y parcial. En este mismo foro hablé de que “veo” semillas de lo sagrado en todas las formas en que el teatro se manifiesta.
Pero la semilla no es la planta.
y al mismo tiempo lo es, en un estado potencial.
Necesitamos diferenciar para ordenarnos, para comprender.
Diferenciar el teatro portador de semilla de aquél que se manifiesta como planta, se despliega en flores desconocidas, da frutos que aún no imaginamos.
Dicen unos versos de Goethe:
“Para encontrarte en lo infinito,
has de diferenciar
para luego juntar”.
Hablar del otro, es utilizar una forma, que tal vez haya resultado inadecuada.
Mi intención fue acentuar un núcleo muy poco transitado, una diferenciación particular. Llamarlo “el teatro” sin más, también resultaba erróneo desde la necesidad de aproximarnos a su particularidad, particularidad que ha permanecido en sombras durante mucho tiempo, y para mucha gente.
Pretendo no apegarme a las formas, por lo que podemos cambiarle el nombre.
Lo que escriba luego del título, seguirá hablando de lo mismo.
A pesar de que las palabras no alcancen.
Y a pesar de que nunca lo puedan explicar.
clodet