lunes, noviembre 19, 2007

El artista como chamán/ 3



Peter Brook (inevitable volver a citarlo) define al teatro sagrado como “un teatro de lo invisible hecho visible” Ver, no es sólo “mirar” en cuanto “ver con los ojos”, hablamos en un sentido amplio de percepción. Por lo tanto, hacer visible lo invisible podría ser, al menos en un orden de cosas, traer vibración del campo de lo no perceptible y volverla manifiesta, es decir, perceptible.
La voz, para quienes la tenemos, es aquella vibración fundamental con la que nos conectamos desde el nacimiento y sobre la cual podemos intencionar, una vibración de la cual nos resulta más accesible volvernos conscientes.
La voz no es simple vehículo, sino que es emoción en estado sonoro, como el hielo no expresa al agua, sino que es agua en estado sólido. La voz toca a quién la escucha, lo modifica no sólo auditivamente sino en su cuerpo y en su campo energético. Y modifica también a quién la emite, y esto es algo que de diversos modos se puede percibir en un espacio de investigación, en un laboratorio teatral.
¿Además de emociones, contendrá –será- la voz, emociones sutiles, frecuencias más altas, estados espirituales...? Preguntémonos no para responderlo, sino como pauta para el trabajo.
Los sanadores peruanos y otros pueblos del Amazonas, han heredado de sus antiguos los ícaros, cantos curativos de uso chamánico. Ellos sostienen que el canto cura, no por quién canta, sino porque el canto mismo es una entidad portadora de fuerzas. El chamán cuando genera un ritmo, danza, acciona, usa la palabra o canta, no se reviste de otra cualidad que la de "canal", es un puente. La acción chamñanica (el cto de Grotowski) se entifica, cobra cuerpo, son profundamente conscientes de la carga vibratoria de la acción y creen que la convocan antes que la crean o generan. El poder del chamán es estar limpio, disponible, vacío, presente y al mando de la situación, pero abierto y fluido para que la fuerza de un poder no cotidiano se manifieste en ellos y se ofrende. Porque además, eso que buscan, es para otros, en raros casos para ellos, aunque consideren un privilegio la experiencia.
En este sentido la humildad no es una virtud sino una condición. Lejos están en realidad los practicantes de estas antiguas y secretas artes de sentir que tienen un poder oculto, porque sostienen que ese poder tan solo pasa a través de ellos para transformar lo incompleto en algo más entero, ("Pa' que estemos más enteritos, señorita, todo unidito, vió?" me decía una vez Rosalía, de origen quechua) Lo atribuyen a los dioses, a lo alto, a los antiguos, a la naturaleza, según el caso. A la memoria viva de la comunidad. Al ritual mismo que convoca fuerza y poder. Pero no a ellos. No hacen lo que hacen para "expresarse a sí mismos" sino para que algo a través de ellos sea expresado. Lo que ocurre es una ofrenda y su propósito es religante, es ir tras una reconexión con ese otro cuerpo que citábamos, ese cuerpo que creemos no somos y que podemos llamar otros, tierra, cosmos...
Lejos de atribuirse secretos poderes que sólo unos pocos poseen, el artista como chamán es quién apunta a una gran despojo, a vaciarse, a poner al servicio de un misterio, de algo más amplio. Que no domina, sino que desconoce. Que no controla, si no que descubre. Que no oculta, sino que ofrenda a otros.
¿Para qué, con qué propósito...?
"Pa' que estemos más enteritos, señorita, todo unidito, vió?"

1 comentarios:

gaby (mítico barrio de flores) dijo...

QUE PLACER LLEGAR A TU BLOG TE HABIA PERDIDO EL RASTRO VI UNA OBRA TUYA HACE TIEMPO ME CO NMOVI CON TODO EL SER, CON TODO EL ESPIRITU, HACES MAGIA REALMENTE, OJALA PODAMOS VERTE PRONTO EN BS AS, POR FAVOR ANUNCIALO SI SUCEDE!