
Jerzy Grotowski
Escritos publicados en el foro internacional del CELCIT.
foro@celcit.org.arwww.celcit.org.arOTRO TEATRO –
O (palabras preliminares)
Vamos a intentar poner en palabras al OTRO TEATRO.
Un pedido: pónganse en contacto conmigo si desean reproducir o publicar algo de lo que vamos a compartir. Personalmente siento que estos conocimientos no me pertenecen ni pueden pertenecer a nadie, y que está muy bien que circulen, pero también resulta un aprendizaje cuidar los frutos de mi elaboración personal.
Segundo pedido: vaciar el cántaro antes de empezar a leer / escuchar. En Oriente se usa esta imagen para recibir limpios (sin contenidos anteriores) un conocimiento o idea determinados; si lo mezclamos con lo que ya contiene nuestro cántaro, lo nuevo se enturbia y deja de ser lo que es. Luego de decantar lo recibido, podemos establecer comparaciones, relaciones y demás.
Me parece oportuno, antes de empezar, hacer algunas aclaraciones acerca de mí: no soy una maestra, ni mucho menos; soy una aprendiza. Me defino como una buscadora de verdad, y el teatro es el camino que elijo. Un teatro que se nutre de otros caminos, y de sí mismo. Tengo algunos años de camino recorrido, lo que me posibilita y me mueve a compartir la experiencia con otros actores-buscadores. Pero no “llegué”, ni muchísimo menos, sigo buscando.
El poner en palabras estos temas, es un gran desafío. Las palabras permiten traducir la experiencia, y a la vez, la traicionan. Tomemos las palabras como pistas que indican el camino, pero recordemos que NO SON LA EXPERIENCIA; apenas son el reflejo de algo que ESTÁ EN OTRO LADO.
Entonces, no crean nada de lo que digo. Todo lo que compartamos ha de ser sujeto a prueba, investigado, experimentado. Prestemos atención a la raíz de la palabra experimentación, nos conducirá a lo que importa, y esto es la experiencia.
Parece adecuado el término laboratorio para designar el ámbito de investigación y experimentación. No hablamos del laboratorio de un científico, en el sentido ordinario. Más bien hablamos del laboratorio de los alquimistas, el ámbito que permite convertir el plomo en oro, estamos hablando de un teatro de transformación.
Les transcribo las palabras que siempre comparto con los que se acercan interesados por él.
Existe un Teatro que intenta alcanzar lo sagrado.
Un Teatro que crea, y no re-crea,
que no reproduce y tampoco imita,
sino que ES.
Ese Teatro, como dice Peter Brook,
vuelve visible lo invisible.
Tiene el extraño poder de transformar
a los que participan del rito teatral:
actores y espectadores.
Nos pone en contacto con otras realidades,
o quizás, con otras dimensiones de nuestra realidad.
Abre compuertas secretas de nuestra percepción y nuestra conciencia,
nos atrae o nos repele, pero nunca nos deja indiferentes.
Le quita el sueño a quien lo busca, y está bien que así sea,
pues es un Teatro para despertar.
¿Dónde se encuentra lo inasible, lo incorpóreo, lo desconocido?
¿Qué caminos conducen hacia aquellos destinos que apenas intuimos?
Un laboratorio teatral es, tan sólo,
un espacio que posibilita el intento.
Nos anima y nos guía la certeza, de que el Teatro que buscamos,
es un Teatro posible.
I-
“para hablar de este teatro, necesitaremos usar un lenguaje de chamanes y de brujos...”
Jerzy Grotowsky
La idea de otro teatro, nos llega como un rumor, como un pulso, a veces inaudible y a veces poderoso, a través de diversas manifestaciones teatrales. Algunas de estas manifestaciones se pierden en el origen de los tiempos. Otras, están surgiendo en este mismo momento.
Es el Teatro Ritual de las culturas originarias de todo el mundo, el teatro de lo invisible-hecho-visible, en palabras de Peter Brook; es el teatro perdido, en palabras de Eugenio Barba, el Teatro Desconocido de Juan Carlos De Prete, el Teatro como Vehículo de Grotowsky, el Teatro Sagrado de Artaud.
Lo que aúna a estos teatros no es una estética, una técnica, un marco cultural (en cuanto idiosincrasia) determinado. Tampoco lo aúna la temática o el discurso. Porque no prima lo que dice, sino lo que busca.
¿Y que busca?
Lo que busca va mucho más allá de poder ser atrapado en una palabra, en una definición.
Busca lo que subyace, el contacto con el misterio insondable, con lo que queda fuera de la “vida” habitual.
Busca Sentido
Busca Verdad
No hablamos de las pequeñas verdades subjetivas, sino de la verdad que surge de lo real.
No creo que sea fundamental a los fines de aproximarnos a este teatro, el hecho de tener una etiqueta determinada para nombrar “eso” que no se nos revela en la cotidianeidad. Pero sí podemos pensar en aquellos niveles de la existencia que van más allá de nuestra individualidad (tal como la concebimos ordinariamente), y más allá de la interacción de individualidades que entendemos como lo social.
De esto surge un tema fundamental que podemos desarrollar en otro escrito: lo perceptual.
Ese buscar lo-que está-más-allá de lo aparente es, lo que en este teatro, se vuelve acción.
Hablamos de un teatro que nos lleva a explorar, habitar y expresar
dimensiones desconocidas de lo que somos, y de “lo que es”.
Por eso hablamos de un Teatro Sagrado.
Mircea Eliade, define a lo sagrado como aquello que está saturado de ser.
La búsqueda de lo sagrado, entonces, crea (o acude a) formas, palabras, movimientos, ritmos; deviene en una estética determinada. Pero lo que organiza la experiencia teatral es la búsqueda, no la estética o el discurso.
Personalmente uso el término experiencia teatral en lugar de hecho teatral, por hallarlo más acorde a la ceremonia del teatro que intentamos abordar.
Y esto (la experiencia, la cual también podemos traer en más detalle en otro momento) es un punto fundamental: porque este teatro no busca el “complacer” al público, no busca emocionarlo, identificarlo, convencerlo de una idea. Su ideal es una experiencia de transformación que implica, en primer término, al actor; y si el “público” no se limita a ser un simple espectador, sino que se abre a la experiencia de convertirse en celebrante, resultará impregnado, atravesado, y, finalmente, transformado por lo compartido en la experiencia teatral.
Hablamos entonces, de un teatro de búsqueda y transformación. Un teatro que incluye otros niveles de lo real; que no se conforma con parecer verosímil, sino que intenta ser expresión de verdad.
Por eso es un teatro movilizador, poderoso.
Entra en contacto con lo que aún no tiene nombre, lo que nos llama desde la otra orilla y no queremos escuchar.
Entra en contacto con lo que se esconde en las profundidades y en las alturas, y ese intento, es su objeto y su sustancia.
Se entrega a la intensidad de una acto total, desorganiza ideas, conceptos, estructuras, creencias.
Hablamos de un teatro perturbador. Se abre paso por zonas que, habitualmente, no visitamos.
Un teatro que nos sacude del sueño que no sospechamos estar soñando.
No hay nada nuevo en lo que decimos.
La mirada puede ser nueva, en cuanto actualiza, esto es, en cuanto trae al presente; aquello de lo que queremos hablar es tan antiguo que parece haber surgido junto a la humanidad.
Este teatro es necesariamente un acto creativo, es lo que surge en el instante, lo que rompe un cierto orden haciendo presente lo nuevo.
Y es un eterno retomar caminos olvidados, recorridos hace mucho tiempo atrás. El camino recorrido por el otro teatro, vuelve una y otra vez sobre sus huellas para avanzar. Por eso, es un camino espiralado y circular.
Gracias por prestarme atención. Clodet.
II- EL ACTOR
Vamos a aproximarnos a la idea del actor del otro Teatro.
Vamos a hacerlo situándonos en el hoy, en nosotros.
Si bien mencionamos al TEATRO RITUAL de las culturas antiguas de todo el mundo, abordar el proceso de esos actores-celebrantes no será nuestro propósito de hoy, porque cada cultura, cada cosmovisión, forma parte inseparable de su actuación-celebración. Existen profundos puntos de contacto, pero en principio, sólo tendremos presente que existen, sin detallar o hacer hincapié en ellos.
Intentemos acceder por otro lado.
El trabajo del actor siempre es vasto, profundo, amplio.
Trabaja consigo mismo, esto es:
-Mente
-Emoción
-Cuerpo
-Energía
Y si les parece, a los fines del Otro Teatro, tendremos que considerar otro aspecto:
Sus dimensiones no-visibles
Su realidad interior
Pueden diferir las técnicas, las teorías, los abordajes. Pero ese es su campo: él mismo.
¿Por dónde comenzar?
Todos, o al menos muchos de nosotros, escuchamos el concepto de actor santo postulado por Grotowsky.
Este puede ser un punto de partida en común.
Un actor que en lugar de recubrirse de máscaras, se despoja de ellas,
Una a una, como de las capas de una cebolla, hasta lograr expresar su esencia.
¿Es una metáfora?
Las palabras aproximan, habíamos dicho, pero no son la experiencia.
Suelo decir en los laboratorios que coordino: si no pueden aceptar lo que digo, si no lo comparten, úsenlo como metáfora de trabajo.
La autoexploración sincera les dirá si lo que encuentran se corresponde con lo dicho, o no.
Lo que también les pido, es que abandonen a los fines de la comprensión, conceptos psicoanalíticos o psicológicos en el sentido convencional.
Hablamos de otro Teatro, necesitaremos otros sistemas de conocimientos para acceder a él. Consideremos, eso sí, a la visión junguiana, (la psicología de Carl Jung): dentro del campo de la psicología contemporánea es la que nos aproxima de manera clara a lo que buscamos (pero no sé si la podemos considerar una psicología “convencional”, de hecho en la Universidad de Psicología de Buenos Aires, como en varias otras, se omite enseñarla...)
¿Qué sistemas de conocimiento, entonces, necesitamos?
Los que aborden la realidad de manera más vasta, y no sólo desde el paradigma científico-positivista.
Necesitamos sistemas de conocimiento que hablen del hombre, por lo que es, y por
lo que puede llegar a ser.
Quiero proponerles, ya que no puedo mostrarles un dibujo por este medio, que nos representemos una imagen.
Para verlo, busquen lápiz y papel, y tracen lo que voy describiendo (es muy simple)
Esa imagen es un círculo, que representa lo que somos, nuestra realidad “interior”. (Las comillas pretenden relativizar la ubicación de lo que estamos considerando)
En el centro hay otro círculo, más pequeño, representa nuestra esencia.
El espacio entre esos dos círculos concéntricos, es nuestra personalidad.
Esta es nuestra área de trabajo, porque el trabajo del actor
es el trabajo sobre sí mismo.
Desde este punto de vista, el que reflejamos en nuestro dibujo, (y uno de los posibles) la personalidad recubre la esencia. Es lo adquirido, lo que necesitamos para adaptarnos al medio y relacionarnos con los otros. Es lo que nos pide la vida cotidiana, la “vida” con minúsculas.
Observemos el dibujo, hay zonas que forman parte de nuestra corteza, del círculo externo de la personalidad.
Y hay zonas más profundas, algunas ignoradas, olvidadas, desplazadas. Hablo de zonas de la personalidad. La esencia, permanece en la zona más oculta.
Esta zona entre ambos círculos, tiene una tendencia a atomizarse.
Dibujemos esas concentraciones con tendencia a entificarse, representándolas con pequeños círculos dentro de la zona que llamamos personalidad. Algunos más grandes y externos, otros más pequeños y escondidos.
¿Me siguen? Bien.
Coloquemos la palabra esencia en el círculo central, y la palabra Yo en todos esos círculos pequeños.
Hemos graficado la teoría de la multiplicidad de yoes, de G. Gurdjeff.
(Hablar de Gurdjeff nos llevaría mucho tiempo, pero es importante recordar que en sus conocimientos han abrevado y se han inspirado J. Grotowsky y P. Brook.)
Consideremos estas ideas por unos momentos, recordando la posibilidad de tomarlo como metáfora, para ahondar en el postulado del actor santo.
Miremos unos instantes nuestro gráfico.
¿Qué es lo REAL en mí?
Lo real en nosotros, lo verdadero, lo constante,
no puede ser lo adquirido.
La conciencia y un poderoso sistema de identificación, nos llevan a creer que somos alguno de esos yoes. Nos identificamos con una zona, con un sub-núcleo de lo que somos en verdad.
Los que comienzan a trabajar sobre sí mismos, y el teatro es un excelente ámbito de trabajo, comienzan también (más allá de poseer este contexto conceptual o no) a reconocer que existe más de un núcleo: no es poco habitual hablar de “mi otro yo”, “mi niño interior”, “un yo primitivo o salvaje”, etc.
Y para los actores, es habitual decir o escuchar a un colega: saqué mi “tirano” de adentro, saqué la “seductora”, etc.
Otras maneras de llamar a estos “yoes” son:
roles
capas
máscaras, etc.
(Piensen otros términos con los que se podrían denominar)
No sólo hablamos de máscaras de índole social. También máscaras que conservamos en relaciones de diverso grado de intimidad.
Y máscaras que se autoproclaman YO, y desde ahí nos pensamos y sentimos, aún estando en soledad. Y desde ahí, actuamos (hacemos, accionamos)
Estas son las máscaras que tenemos que reconocer
para abordar este teatro.
Reconocerlas, movidos por una profunda necesidad, pero sin juzgar.
Reconocerlas, porque mientras piense que la máscara soy yo, no la dejaré caer.
No es fácil, no es cómodo, parafraseando a Herman Hesse: no para cualquiera.
Si abordamos este trabajo, es porque algo en la cotidianeidad no nos satisface, no nos “cierra”, no nos termina de conformar.
Porque muchas veces percibimos que el teatro de ficción es mentira, artificio.
Pero sentimos lo mismo en la “vida”: algo no termina de parecernos real.
La esencia necesita recubrirse para que podamos subsistir adaptándonos.
El punto es que nos identificamos con lo que cubre, con la superficie, a fuerza de identificarnos con el disfraz.
Llegamos a creer que somos la cáscara, o apenas “algo más” de todo lo que se encuentra más allá de la cáscara.
Para llegar a expresar nuestra esencia,
tenemos que comenzar a observar nuestro interior.
Hablamos de un actor que se auto explora.
Que necesita un profundo trabajo de autoconocimiento.
Un actor-buscador que necesita partir de conocerse a sí mismo, conocer profundamente lo que cree que es y
lo que en verdad es.
Tan sólo en ese punto, comienzan a desplegarse cualidades sutiles.
Es el comienzo de lo que el actor-buscador puede llegar a ser.
El otro teatro es oficiado por un actor-celebrante
que elige el Teatro
como Camino de conocimiento y transformación.
Un actor que se interna en el Mandala de su realidad interior.
Y lo hace en movimiento.
Porque la búsqueda es movimiento.
Y el Teatro es Acción.
Gracias por prestarme atención. Clodet.